Santa Coca y San Peyote: Koguis y Huicholes.

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Santa Coca y San Peyote: Koguis y Huicholes.

Jorge Gasca

“Ustedes pueden ir a vivir al espacio exterior, está bien, pero no parecen capaces de volver al entendimiento de cómo vivir en armonía con la tierra. Eso es algo que olvidaron. Cuando entiendes eso, empiezas a entenderte mejor”. Jacinto Zarabata, kogui.

“No damos clases de esto, no lo platicamos en una escuela, con Tatewarí, que es el fuego, ahí es donde nosotros adquirimos conocimiento.” Santos, Huichol.

KOGUI

 

 
 
 
Eric Julien

“Como podríamos despreciar las milenarias tradiciones de los kogui. Un texto mítico recogido en las sierras nevadas de Santa Marta nos debe infundir el mismo respeto, la misma admiración por el vuelo del espíritu humano que un texto en sánscrito o un texto en latin o griego. ¿No es uno, el género humano?” Gerardo Reichel-Dolmatoff, antropólogo.

El antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff demostró el parentesco de los kogi con los antiguos taírona. Los koguis, o jaguares, se hacen llamar los “hermanos mayores”, mientras todos los demás somos los “hermanos menores”. La diferencia entre los dos reside el conocimiento sobre la naturaleza.

“En occidente se le da privilegio al uso de las cosas en lugar de a su fuente. Ese es el error intelectual. Al final, todo es naturaleza”, afirma el líder Kogui, Jacinto Zarabata. 

Tal vez ya ni 2.000 koguis son los que resisten de un pueblo que resistió todos los embates: la conquista española, los colonos que les quitaron sus tierras, los marimberos o traficantes de marihuana… Hoy sus enemigos son las enfermedades. La enfermedad para los kogui es una transgresión de la ley de equilibrio del universo: tiene que haber una mala conducta para que sobrevenga el mal físico. Tiene que haber una ruptura del dualismo con el que los kogui entienden el mundo: el sol y la noche, el bien y el mal, el hombre y la mujer. 

Son de por si altivos y huraños como pocos. Así, han sabido preservar su cultura antigua a menos de 100 km del Caribe. 

Los koguis se mueven incesantemente por Sierra Nevada, de casa en casa y de 

finca en finca. Con su parca alimentación, si no fuera por la coca, no resistirían. El gran rito kogui es elmascar coca. Extraen de su mochila un puñado de hojas de coca, luego chupan cal con el palillo de su poporo (calabaza) Es un símbolo, dice Dolmatoff, de su dualismo sexual: el palillo lo masculino, la calabaza o poporo lo femenino. Pueden pasarse mucho rato frotando el palillo en el poporo: es algo que les relaja. 

Todo cuanto es cóncavo, se asocia en seguida con las cabidades femeninas: la mochila, por ejemplo. Y también todo lo que es hueco, incluída la casa. A los ápices de sus casas, los llaman mauku-akula, de mauku, vagina, y akula, rama. Los hermanos mayores han sabido que es la materia y la realidad desde siempre. Dicen los Kogui “Nada existe sin el pensamiento”. lo que nosotros llamaríamos física cuántica. 

Aunque son las mujeres las únicas que pueden cosechar la coca, y la tuestan (metiendo una piedra al rojo vivo en la mochila y agitándola), tienen prohibido la participación en el rito, ni mascar coca, ni el poporo o calabacito de cal. El hombre kogui piensa que el calor que la mujer desprende al dormir le hace daño, por lo que no duermen juntos. En realidad, teme que la mujer les haga olvidar lo que sabe.

La coca es su cultura, su entrada en el tiempo de los antiguos, su manera de ser koguis, hombres sobre la tierra. El problema es que no solo mascan coca, sino que en la introducción de productos exteriores, beben, lo que ayuda a un uso inmoderado de la coca. 

Los mascadores de coca ven disminuidos su apetito sexual, pero no les importa, porque siempre han pensado que lo mejor de la vida es hablar de los misterios del mundo, y el comer y el sexo son incluso actividades molestas. Por eso, han pasado de 6000 hace 30 años a 2000, y han muerto un 40% de los niños.

Su territorio está lleno de puentes construídos por ellos y sus antepasados que 

son maravillas arquitecturas indígenas. 

El líder kogui Jacinto Zarabata aclara que “cada cosa que nos rodea es una construcción de recursos naturales y lo que los kogui ven es la fuente de esos recursos y no la cosa”.
Lamenta que el mundo occidental gire en torno a “la ambición por tener más”.
“Lo que todos tienen yo también tengo que tenerlo, de otra manera los demás tienen poder sobre mí. Las consecuencias son evidentes, pero no parecen evidentes para ustedes”, indica.
“Ustedes pueden ir a vivir al espacio exterior, está bien, pero no parecen capaces de volver al entendimiento de cómo vivir en armonía con la tierra. Eso es algo que olvidaron. Cuando entiendes eso, empiezas a entenderte mejor”.

HUICHOL

Maria Stenzel

Existe una tribu que todavía sigue comiendo y adorando a un cactus: los huicholes. 

Bajo el signo del peyote, los huicholes de la Sierra Madre, perseveran en sus costumbres y ritos ancestrales. hacen peregrinaciones a una viricuta, el lugar sagrado donde buscan ese cactus que les eleva de su áspera realidad hacia su complejo y rico mundo sobrenatural, después de que el chamán bendiga con su mubieri, su cetro de plumas de águila, y el bufón o payaso se cuelgue su gato salvaje disecado y un ritual arco para que mate simbólicamente al dios venado, reencarnación del peyote. Cuando alguien encuentra al peyote, marca el lugar con plumas de gavilán. 

El peyote les arrancará de la pesadez de la tierra y les abrirá, como escribió Aldous Huxley, “las puertas de la percepción” con sus 55 diferentes sustancias alcaloides.

El chamán construye un altar improvisado con el peyote, maíz y los cuernos de Tamatz Kauyumari, el venado. 

Fue Tamatz Kauyumari, el venado, que llego hasta allá para darle empuje a nuestro padre Sol que emergió de Reuunar. Cada peregrino que viene tiene que hacer el mismo recorrido que hizo Tamatz Kauyumari.”
  

Arte huichol


En Santa Bárbara, en la Sierra Madre, viven en rancherías y separados a lo largo 

 

del territorio. Su ritmo de vida es plácido y dedicado a lo social, a los tejidos y a sus fiestas. Sus tejidos representan la polícroma visión de su mundo tan influido por las visiones del peyote. En los trajes, sagrados, despliegan su simbolismo colectivo, son re-expresiones de sus representaciones colectivas. Una forma constante de identificarse como pueblo. Con la pintura amarilla urra se pintan soles en las mejillas como homenaje a tayau, el padre sol. El nombre tayau, dicen, proviene de la onomatopeya del sonido que hace el pavo al saludar al sol. 

“Es extraordinaria la participación mística de los huicholes en su propia cultura.” decía el antropólogo Lévy-Bruhl.

Mario Jareda Beivide

“No damos clases de esto, no lo platicamos en una escuela, con Tatewarí, que es el fuego, ahí es donde nosotros adquirimos conocimiento.” afirma Santos.

 El hecho de que los huicholes se designen a sí mismos como “doctores”, wixárika, indica la importancia que adquieren las cuestiones relacionadas con la religión, el ritual y la salud, si bien ésta no se refiere exclusivamente al cuerpo. El mara’akame, como se le llama al chamán huichol, no se dedica exclusivamente a curar a la gente sino que tiene otras funciones, en algunos casos más importantes, como la de ser guía espiritual del grupo, depositario de la memoria histórica y mítica, sacerdote o “funcionario” religioso y, en ocasiones, actúa como autoridad representativa. 

El panteón huichol está compuesto por más de treinta dioses que se dividen de acuerdo a dos ciclos fundamentales: la temporada de lluvia y la temporada seca, la noche y el día cósmicos, la oscuridad y la luz, lo femenino y lo masculino. Entre las diosas de la temporada húmeda tenemos a la abuela crecimiento, takutsi nakawé; la madre tierra; la diosa del maíz, uteanaka; la que protege los partos, tuluviakame, etcétera. En cuanto a los dioses o personajes de la temporada seca sobresalen tatewarí nuestro abuelo fuego, tayau nuestro padre sol, akaitewarí el viento, paritzika deidad de la caza y de los venados, y otros muchos. La relación entre los dos bandos es lo que mantiene al mundo en movimiento, y todo ritual y relación con los dioses está encaminado a mantener ese equilibrio cósmico. 

“El significado del peyote en la cultura huichol, a mi modesto entender, es el de un sacramento. Es una especie de comunión con la madre tierra, el padre sol y con el espíritu de la vida.” Paul Adams, etnólogo.

“Nosotros como wixraritari , le estamos pidiendo a nuestras deidades que el mundo siga existiendo y que nosotros podamos seguir existiendo.
Básicamente… 
…aquí le estamos apostando la vida” aclara el huichol Santos.

Tamara Zarak Quintana


Fuentes:
http://www.ugr.es/~pwlac/G19_07Eugeni_Porras_Carrillo.html
http://www.masacalli.com/2012/02/guerra-florida-en-wirikuta.html
http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-pueblos/otros-pueblos-huicholes/1971334/
http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-pueblos/otros-pueblos-sierra-nevada-coca/2006426/
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/geografia/geoco4v3/sierra.htm 
http://revistamasacalli.blogspot.com.es/2012/09/hikuri-neirra-ii.html

http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2014/04/santa-coca-y-san-peyote-koguis-y.html

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