LA RESPIRACIÓN (parte I) NATURALEZA CIENTÍFICA DEL Qi y PAPEL FUNDAMENTAL de LA NARIZ

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LA RESPIRACIÓN (parte I) NATURALEZA CIENTÍFICA DEL Qi y PAPEL FUNDAMENTAL de LA NARIZ

enero 22, 2014 por maestroviejo

NATURALEZA CIENTÍFICA DEL Qi y PAPEL FUNDAMENTAL de LA NARIZ

Se puede vivir dos meses sin comida y dos semanas sin agua,

pero sólo se puede vivir unos minutos sin aire.

[Maestro Hung Yi-hsiang]

Según los taoístas, la nutrición obtenida del aire por medio de la respiración es aún más importante para la salud y la longevidad que la obtenida de los alimentosy la bebida por medio de la digestión. Así como la dieta afecta al equilibrio bioquímico del cuerpo, la respira­ción afecta a su equilibrio bioeléctrico.

Básicamente existen dos tipos funcionales de respiración: la limpiadora y la energizante. La respiración limpiadora desintoxica el cuerpo y se centra en la espiración. La respiración energizante recoge y acu­mula energía vital, y se concentra más en la inspiración.

Aunque hoy en día la gente no suele prestar mucha atención a cómo respira, todo el mundo practica espontáneamente estas dos clases de respiración a lo largo del día, siempre que las toxinas de la sangre alcanzan un nivel crítico o la energía comienza a menguar. Así, el suspiro es un ejemplo de respiración limpiadora espontánea, pues consta de una inspiración rápida seguida de una espiración larga y forzada. El bostezo, en cam­bio, es un ejemplo de respiración energizante espontánea: una inhala­ción larga, lenta y profunda, brevemente retenida en los pulmones y seguida de una exhalación relativamente corta.

El Qigong (también escrito chi-kung), que significa al mismo tiempo «ejercicio respiratorio» y «control de la energía», ha sido una rama re­conocida de la medicina china desde hace más de 2.000 años. Recor­demos que la palabra china Qi (o chi) significa «aliento» y «energía», además de «aire». Una de las primeras referencias a esta forma de te­rapia médica aparece en una inscripción encontrada en 12 tabletas de jade fechadas a mediados del siglo VI a. de C.

Al respirar, hay que proceder de la siguiente manera: retener el aliento abajo y dejar que se acopie. Cuando se haya acopiado, se expandirá. Cuando se expande, se hunde hacia abajo. Cuando se hunde hacia abajo, se acalla. Cuando se haya acallado, se solidificará. Cuando se solidifica, empieza a crecer. A medida que crece, es atraído hacia adentro y hacia arriba, y llega hasta la coronilla. Por arriba, empuja hacia la bóveda del cráneo. Por debajo, empuja hacia abajo.

“Quien siga este método tendrá una larga vida. Quien vaya contra él, morirá prematuramente”.

Al igual que todos los regímenes taoístas para la salud, la respiración se basa en el equilibrio Yin/Yang y la armonía de los Tres Teso­ros. Del mismo modo en que una dieta correcta refuerza las reservas de esencia nutricional del cuerpo, la respiración correcta refuerza el suministro de energía vital. Puesto que aliento y energía forman un puente entre cuerpo y mente, la respiración puede ser controlada tanto física como mentalmente, y es la única función vital que escapa a la división entre el control voluntario y el involuntario. Si no se le presta atención, la respiración se produce de forma tan espontánea y natural como el latir del corazón; cuando es controlada por la mente, la respiración se vuelve tan voluntaria como el andar y puede utili­zarse para regular todas las demás funciones vitales, tales como el pulso cardíaco, la presión de la sangre, el metabolismo digestivo, la eyaculación, la secreción de hormonas y demás. Debido a su posición de bisagra entre el cuerpo y la mente, la respiración constituye el ele­mento más importante de por sí en todos los regímenes taoístas para la salud y la larga vida.

Las escuelas taoístas de la alquimia interior, que florecieron du­rante los primeros siglos de nuestra era, consideraban el aire como la «esencia» última de la naturaleza. Su objetivo era purificar el cuerpo y la mente hasta el extremo de que podían alimentarse exclusivamente de aire y agua, dieta que denominaban «cenar con viento y sorber rocío». El Qi, la energía vital contenida en el aire, estaba considerado como un «nutriente». Esta antigua idea taoísta halló un extraño eco occidental en la doctrina llamada Breatharian (que podríamos traducir libremente como «Respiranianos»), propagada en los años 30 por una Sociedad de la Ciencia Natural con sede en Maitland, Florida (EE.UU.). El 3 de mayo de 1936, presentaron a la prensa a una mujer que, según aseguraban, tenía 68 años de edad y no había consumido ningún alimento sólido en 56 años. Según los informes de prensa, mostraba todo el aspecto y el comportamiento de una niña inocente.

Aunque sólo los más avanzados adeptos pueden llegar a lograr el objetivo de sustentarse únicamente con el viento y el agua, todas las personas, incluso las más corrientes, pueden cultivar el control respi­ratorio como eficaz método para mejorar la salud y prolongar la vida. El acto de respirar no sólo extrae Qi del aire, sino que también im­pulsa y distribuye el Qi por todo el cuerpo, a través de la invisible red de canales de energía denominados «meridianos». Los meridianos transportan la energía vital por todo el cuerpo, y, cuando se obstruyen, se presenta un estado denominado de «estancamiento de la energía». Este bloqueo de la energía es causa de una insuficiente circulación de la sangre, lo que a su vez provoca trastornos tan frecuentes como letárgia, fatiga crónica, irritabilidad, dolores de cabeza, mala digestión, debilitamiento de la libido y demás. Puesto que «la energía gobierna la esencia», la mala circulación de la sangre y todos los trastornos que conlleva habitualmente pueden ser curados mediante una correcta respiración.

A lo largo del Canal de Función, que discurre desde la lengua por la parte delantera del cuerpo hasta los genitales, se hallan tres centros de energía vital denominados respectivamente dantiem («campo del elixir») superior, medio e inferior. El punto superior se encuentra situado directamente entre los ojos y por detrás de ellos, y se asocia con las glándulas pituitaria y pineal; el punto central está situado en el plexo solar y se asocia con el corazón; el inferior queda unos cuatro o cinco centímetros por debajo del ombligo, a medio camino entre la pared abdominal y la columna, y se asocia con los órganos y glándulas sexuales. El centro inferior, que actúa como una especie de imán para acumular energía, se llama Qihai, literalmente «mar de energía», y es el punto en que se concentra la mente durante los ejercicios respiratorios.

 Los adeptos taoístas conceden una extraordinaria importancia al ombligo. El médico Chang Chin-chiou, de la dinastía Ching, describió el papel del ombligo en su comentario sobre el Clásico de medicina interna del Emperador Amarillo.

El hombre nace conectado por el ombligo a un cordón umbilical, y el ombligo está conectado al Campo del Elixir inferior, que es el Mar de la Energía. Así, el ombligo constituye el Portal de la Vida. El feto recibe la vida por la abertura de este Portal, y el niño ingresa en este mundo cuando se cierra. Por consiguiente, en su condición de manantial de energía viva, esta región es la fuente del bienestar del hombre y de su malestar, de su fuerza y de su debilidad. Cuando la energía aquí es fuerte, todo el organismo es fuerte. Cuando es débil, todo el organismo se debilita.

El ombligo es donde se encuentran el Fuego y el Agua, donde residen el Yin y el Yang. Es el mar de la esencia y la energía, la puerta de la vida y la muerte.

Los taoístas descubrieron el papel vital que desempeña el bajo abdomen en la respiración limitándose a observar la naturaleza, sobre todo a los bebés y animales recién nacidos. Observe cómo respira un perro o un gato cuando está descansando y comprobará que su abdomen -no su tórax- se expande y se contrae rítmicamente. Cuanto más tiempo permanecen en reposo, más lentas y profundas se vuelven estas contracciones abdominales.

En la tradición china, la terapia respiratoria es medicina ortodoxa. Además de asimilar y hacer circular la energía vital, la respiración profunda da un masaje a los órganos y glándulas internos, limpia los tejidos de toxinas, depura la corriente sanguínea, estimula las secreciones de hormonas y mejora notablemente la resistencia y la inmunidad. Nuestro viejo maestro de siglos ha, el doctor Sun Ssu mo, escribió acerca de la respiración terapéutica en sus Recetas preciosas:

Cuando se practica la respiración correcta, la miríada de enfermedades, no se presentan. Cuando la respiración está deprimida o forzada, surgen toda clase de afecciones. Quienes desean cultivar su vida deben primero aprender los métodos correctos para controlar el aliento y equilibrar la energía. Estos métodos de respiración pueden curar todas las enfermedades, grandes y pequeñas.

¿Qué es el Qi?

Si buscamos el ideograma  “qì” en un diccionario chino, la traducción literal sería “aire”. En un diccionario japonés, la traducción de  “ki” es “espíritu” (fuerza espiritual). Sin embargo, ninguna de estas traducciones nos da información suficiente para comprender la profundidad que el concepto 氣 tiene en las culturas orientales (aunque sí que pueden ayudar a comenzar a entender su significado: piensa durante unos segundos en “aire” y “fuerza espiritual”. ¿Qué ideas te vienen a la cabeza?). Tanto en China como en Japón, 氣 está presente en muchísimas palabras e ideas, y el significado de 氣 es algo innato, que yace en el subconsciente de las personas y que no es necesario cuestionarse.

Al traducir cualquier idioma, es importante que la palabra esté en un contexto determinado para que la traducción sea correcta. Con el chino, el japonés y otros idiomas cuya escritura está basada en ideogramas (imágenes) y no en un alfabeto (sonidos), y que además cuentan con una tradición y culturas milenarias, el contexto es esencial.

El Concepto de Qi en la Filosofía China

Dentro de las filosofías orientales, el QiKi o Prana es la denominación que recibe la “fuerza vital universal”. Todo lo que existe son diferentes expresiones o formas de esta fuerza única y omnipresente. Al igual que “el Tao que puede ser nombrado no es el Tao verdadero” (Lao Tse, Tao Te King), intentar explicar con palabras el Qi es perderse gran parte de su significado. A lo largo de la historia, tanto filósofos chinos (como todo tipo de eruditos occidentales), han estudiado el Qi, traduciéndolo y explicándolo de muchas formas distintas.

Si analizamos el carácter 氣 qì, vemos que está formado por dos partes:

  • 气 qì – gas, aire, vapor
  • 米 mǐ – arroz

El propio ideograma del Qi nos indica que es algo material (la sustancia, el arroz) e inmaterial (aire, el vapor del arroz cocinándose) al mismo tiempo. “El Qi puede ser tan etéreo e inmaterial como el vapor, y tan denso y material como el arroz”. Así, el Qi “puede considerarse como el poder que unifica y da vida. Une la energía a la materia, [y] sin él nada se mantendría unido y nada tangible existiría. […] El Qi es una fuerza unificadora y cohesionadora en el lugar donde la energía está a punto de materializarse y donde la materia está a punto de convertirse en energía.”

El Qi es la interacción continua entre el Yin y el Yang; el Qi es materia, es movimiento y es energía; todas las cosas animadas e inanimadas deben tener Qi para existir o para moverse.

El Concepto de Qi en la Medicina China

Todo esto se aplica directamente en la teoría de Medicina China, adaptándolo al ser humano, pues los humanos somos “la unión del Qi del Cielo y el Qi de la Tierra”.

El Qi pertenece a los “Tres Tesoros” ( 精氣神 – jīng qì shén ) y es una de las “Sustancias Vitales” del cuerpo, además de ser la base de todas ellas: la Esencia, la Sangre o los Líquidos Orgánicos son diferentes manifestaciones del Qi en varios grados de “materialidad”.

Las personas poseemos tres fuentes principales de Qi:

  • El Qi Celestial, o Qi del aire, es el que obtenemos mediante la respiración. Es un Qi puro que no necesita ser procesado por el cuerpo, pero su calidad se ve muy influida por la calidad del aire que respiramos: la contaminación atmosférica (química, iónica, …); y también por la forma en la que respiramos.
  • El Qi de los Alimentos lo obtenemos de la comida que ingerimos. Este tipo de Qi tiene que ser procesado y refinado por diferentes órganos del cuerpo, principalmente el Estómago y el Bazo. Para poder ser utilizado, se ha de mezclar con el Qi Celestial para formar el Qi de ReuniónZong Qi ( 綜氣 zǒng qì ) o ”Qi Magno del Pecho”. Por supuesto, lo que comemos y cómo comemos es fundamental para tener Qi.
  • La herencia genética, o Qi Pre-cósmico (Qi Pre-natal, Qi del Cielo Anterior). Es el Qi que heredamos de nuestros padres en el momento de la concepción para el desarrollo de todos los sistemas y órganos del cuerpo. Lo podríamos ver como la “energía de los genes”, que hemos de conservar en buen estado a lo largo de toda nuestra vida. De éste, obtenemos el Qi Original que se almacena en los Riñones y se va “llenando” o manteniendo con la parte más pura y refinada del Qi obtenido mediante la respiración y la alimentación. El Qi Original es la base del Yang de los Riñones, y por lo tanto, del Yang de todo el cuerpo. Es un tipo de Qi muy potente, del que echamos mano en situaciones extremas de estrés físico o mental. También es el catalizador, la chispa que enciende todos los procesos fisiológicos del cuerpo, así que es importantísimo conservar el Qi Original para conservar la salud.

Estos tres tipos de Qi están relacionados respectivamente con el Calentador Superior, Medio e Inferior.

La transformación del Qi va más allá. El Qi Original hace de catalizador del Qi de Reunión, para obtener Qi Verdadero o Zhen Qi ( 真氣 zhē qì), que después se divide en Qi Defensivo ( 衛氣 wèi qì ) y Qi Nutritivo ( 精氣 jīng qì ). El Wei Qi circula entre los músculos y la piel, y es el principal encargado de protegernos de los factores patógenos externos. El Jing Qi es el que circula por los canales energéticos.

El siguiente diagrama  muestra de forma esquemática todos estos procesos.

Funciones del Qi en el cuerpo

El Qi se en carga de transformar (ej. el Qi de Bazo transforma el alimento en energía),transportar (ej. el Qi de Pulmón transporta los fluidos),contener (ej. el Qi de Bazo contiene la sangre en los vasos sanguíneos) y calentar (ej. el Qi de Pulmón, de Bazo y de Riñón mantiene caliente el cuerpo).

Patologías del Qi

Cuando el cuerpo está equilibrado Qi fluye correctamente, cumpliendo con todas sus funciones. Tenemos salud y nos encontramos bien. Cuando estamos enfermos es porque hay un desequilibrio o desarmonía, y el Qi no fluye bien:

  • Hay una insuficiencia o falta de Qi
  • El Qi fluye en dirección equivocada (“Qi Rebelde“)
  • Hay un exceso de Qi
  • Hay un bloqueo o estancamiento de Qi

 

LA CIENCIA DE LA RESPIRACIÓN

En Oriente, la respiración se considera una ciencia. La China tiene el Qigong y la India su pranayama, pero el mundo occidental ni siquiera posee un término específico para designar el control de la respiración. Por lo demás, los médicos occidentales tampoco comprenden cómo la energía atmosférica puede servir de «nutriente» esencial para la salud humana. Irónicamente, la ciencia occidental ha recopilado en los últimos tiempos una abundante información que tiende a confirmar claramente las antiguas ideas taoístas con respecto al aire, al aliento y a la energía, así como su decisiva importancia para la salud y la longevidad.

El elemento esencial del aire que transporta la carga vital de Qi no resulta ser el oxígeno, ni el nitrógeno, ni ningún otro elemento químico gaseoso, sino más bien los iones negativos, minúsculos y sumamente activos fragmentos moleculares que poseen una carga eléctrica negativa equivalente a la de un electrón. Por el contrario, los contaminantes como el polvo, el humo y los productos químicos tóxicos adoptan en el aire la forma de grandes iones polimoleculares de carga positiva. En el aire contaminado, los iones positivos atraen, capturan y neutralizan a los iones negativos, privando así al aire de su vitalidad. Respirar esta clase de aire equivale, en otro nivel, a alimentarse de «comida basura», llena de calorías muertas. En el aire campestre puro, la proporción de iones negativos y positivos viene a ser aproximadamente de tres a uno; en la contaminada atmósfera de la ciudad, esta proporción se invierte espectacularmente, cifrándose aproximadamente en un ion negativo por cada quinientos iones positivos.

La vitalidad de los iones negativos del aire también queda destruida por los sistemas de aire acondicionado y calefacción central, y por los espacios cerrados. Hace mucho que se ha observado que el hecho de trabajar todo el día en un taller u oficina con aire acondicio­nado o calefacción suele dejar a las personas completamente agotadas, aunque no hagan más que estar sentadas tras un escritorio o de pie ante una cadena de montaje, en tanto que los campesinos que se pasan el mismo número de horas al aire libre, realizando un exte­nuante esfuerzo físico, no presentan este síndrome de completo agotamiento al terminar la jornada. Esto sucede porque no es el trabajo en sí lo que agota a los obreros y oficinistas, sino la ausencia de vitalidad en el aire que deben respirar todo el día. En Japón, donde se tiene claro el concepto de Qi, la mayoría de los edificios de oficinas, fábricas y hoteles de lujo están actualmente provistos de generadores de iones negativos, para reponer los destruidos por la calefacción, el aire acondicionado y la contaminación. Tal vez éste sea uno de los secretos de la increíble productividad de los japoneses.

En la naturaleza, el aire resulta naturalmente ionizado por la acción de la radiación electromagnética de onda corta procedente del sol y otros rayos cósmicos, que bombardean las moléculas de aire e imparten energía a los fragmentos. El movimiento y la evaporación de las grandes masas de agua también ionizan el aire que tienen encima. Un tercer sistema de ionización natural es el libre desplazamiento del viento sobre los grandes espacios abiertos. Así pues, el Qi atmosférico más potente se encuentra en las grandes altitudes, donde la radiación solar y cósmica es más intensa, los vientos son constantes y el agua se halla en forma de lagos y rápidas corrientes. Por eso se siente uno tan refrescado y vigorizado tras pasar un día en la montaña, aun después de una gran caminata.

Durante los años iniciales del programa espacial se observó a menudo que, a pesar de su robusta salud y su buena forma física, los astronautas quedaban profundamente agotados tras sólo unas pocas horas en el interior de la cápsula, tanto si se hallaban orbitando en el espacio como entrenándose en tierra. Los científicos tardaron varios años en dar con la respuesta a este problema, aunque la habrían obtenido de inmediato si se les hubiera ocurrido consultar a un adepto taoísta o un yogui de la India. Un informe de una empresa que fábrica generadores de iones negativos para el programa espacial, citado en el excelente libro de André van Lysebeth, Pranayama (Publicado por Ediciones Urano.), declara:

Al ser completamente metálica, la cápsula espacial se comporta como una perfecta jaula de Faraday en la que hasta el piloto mejor entrenado no tarda en mostrar signos de perturbaciones fisiológicas, especialmente cansancio y agotamiento prematuro. Esto ha sido observado de forma igualmente fiable por los rusos, que lo reconocen abiertamente. Glenn y Carpenter se cansaron muy deprisa, y, en el caso del piloto espacial Titov, el cansancio, el ago­tamiento y los trastornos psicológicos fueron tan marcados que quedó completamente mareado al cabo de sólo seis órbitas.

Cuando en el interior de las cápsulas se creó una atmósfera artificial cargada con abundantes iones negativos, gracias a los citados generadores, los síntomas descritos desaparecieron por completo, permitiendo así que los astronautas permanecieran en el espacio durante días, semanas e incluso meses seguidos. Dado que la electricidad es una forma universal de «energía autoexistente» que no depende de la vida, los beneficios fisiológicos de los campos eléctricos artificialmente inducidos son exactamente los mismos que en los campos naturales.

Lo que hace moverse al Qi es la polaridad del Yin y del Yang. En la ciencia occidental, esta polaridad se denomina «gradiente de potencial», es decir, la diferencia potencial de voltaje entre dos puntos determinados. En aire puro, el gradiente de potencial asciende a varios centenares de voltios por metro, mientras que en el aire contaminado y en los espacios cerrados es virtualmente nulo. Así pues, el gradiente de potencial determina la «fuerza» de un campo eléctrico, y la fuerza del campo eléctrico determina el grado de actividad de los iones negativos que hay en su interior y la intensidad de su flujo entre dos puntos. El ya citado informe prosigue:

Se ha determinado con plena certeza que existe un campo eléctrico entre la tierra y la atmósfera. Este campo eléctrico natural es normalmente positivo [Yang] en relación con la tierra [Yin], y su fuerza suele ser del orden de varios centenares de voltios por metro.

El gradiente de potencial es mayor, por lo tanto, en lugares como las montañas, las playas, los parques y otros espacios abiertos, donde los iones negativos fluyen libremente desde el polo Yang positivo de la atmósfera al polo Yin negativo de la tierra. Todos los organismos vivos situados entre ambos polos actúan como conductores de esta energía. Por ejemplo, en un poderoso campo eléctrico donde el gradiente de potencial es de varios centenares de voltios por metro, una persona de dos metros de estatura estaría sometida a un gradiente de 400-500 voltios entre la cabeza y los pies, lo cual favorece considerablemente la libre circulación de la energía vital. El mismo informe concluye:

“La corriente eléctrica causada por la presencia de un campo eléctrico recorre todas las células y órganos y todo el sistema nervioso, estimulando asimismo el metabolismo y todas las funciones fisioló­gicas de los organismos vivos…”

Si el campo es demasiado débil, se manifiestan cansancio, indolencia y falta de vitalidad. Ésta es la causa principal de la fatiga y el entumecimiento que se sienten en automóviles, aviones, tanques, submarinos y trenes, y ahora en las cápsulas espaciales.

Actualmente existen a la venta generadores de iones negativos para automóviles, que reducen considerablemente el riesgo del «cansancio de carretera» durante los largos recorridos. Si las líneas aéreas procedieran a instalarlos en sus aparatos, sin duda el problema de la fatiga por «diferencia de horarios» también quedaría muy reducido.

Aunque viva usted en un clima saludable, con un poderoso campo eléctrico natural, igualmente puede verse privado de sus beneficios si calza zapatos de goma, se viste con fibras sintéticas y vive en un re­cinto cerrado entre muebles de plástico, pues todo esto aísla el cuerpo de la electricidad atmosférica tan completamente como su revesti­miento de goma aísla los cables eléctricos. Para hacerse una idea de la auténtica vitalidad, pruebe a caminar descalzo, sin sombrero y ligera­mente vestido con prendas de algodón por un campo o jardín abierto cuando la hierba aún conserve el rocío de la mañana, respirando al mismo tiempo rítmica y profundamente. Como nuestros cuerpos sir­ven de conductores para el Qi atmosférico que desciende continua­mente desde lo alto, debemos descargar el exceso de energía hacia la tierra a través de nuestros pies. La hierba húmeda de rocío actúa como un poderoso polo magnético cuando se camina descalzo sobre ella, absorbiendo la energía del cielo a través del cuerpo. Por eso es preferible practicar Qigong al aire libre, a ser posible, descalzos y vesti­dos con ligeras prendas de alguna tela natural.

Los tejidos que asimilan la energía iónica negativa del Qi del aire durante la respiración son los que revisten los senos y cavidades nasa­les, siendo éste el motivo de que, en los ejercicios respiratorios, la inhalación deba hacerse siempre por la nariz. Aunque la piel y los pul­mones también absorben pequeñas cantidades de Qi, cuando se trata de detectar y extraer la energía biónica del aire, «la nariz es la reina». Por ejemplo, la nariz es lo bastante sensible como para captar los eflu­vios de una rosa desde el extremo opuesto del jardín y distinguirlos del aroma de un clavel. Eso es porque el aroma es Qi y posee propiedades bioactivas cuando se aspira a través de las sensibles terminaciones olfativas de la nariz.

La energía bioactiva de los olores y la capacidad de la nariz para absorberla y utilizarla terapéuticamente quedan puestas de relieve por la eficacia de la aromaterapia, que en Oriente se viene practicando desde hace milenios para la curación de enfermedades. Los médicos árabes de la Edad Media comprobaron las notables propiedades de los aromas cuando observaron que los perfumistas y fabricantes de in­cienso rara vez sufrían los estragos del cólera que regularmente asolaba las regiones del Cercano Oriente. La aromaterapia utiliza los aceites esenciales de ciertas plantas aromáticas para curar dolencias específicas, presentando los aromas en forma volátil a los nervios olfativos de la nariz, que están directamente conectados con el cerebro y con los meridianos de energía. Estos aceites esenciales son segregados por glándulas especiales que las plantas poseen en sus raíces, tallos, hojas y flores. Los botánicos comparan tales secreciones con las hormonas que segregan los animales.

El Clásico del Emperador Amarillo declara: «la esencia se transforma en energía». En otras palabras, cuando los aceites esenciales de una planta aromática se evaporan en el aire, liberan su energía en forma de fragancia, y esta energía es absorbida por los nervios olfativos cuando una vaharada de aroma llega a la nariz. La aromaterapia funciona únicamente con aromas derivados de fuentes naturales vivas, tales como flores, semillas y raíces. Los aromas sintéticos poseen «olor», pero no energía, y cualquier nariz sensible puede percibir claramente la diferencia. En 1960, la revista médica francesa L’Hôpital publicó un artículo del Dr. J. Valent sobre aromaterapia, que expli­caba este mecanismo de la siguiente manera:

Transportado por el torrente circulatorio, el aroma ionizado de las plantas impregna todos los rincones del cuerpo, revitaliza podero­samente las células polarizadas y descargadas, corrige las deficien­cias electrónicas al recargar las baterías biomagnéticas y dispersa los residuos celulares al disolver las sustancias viscosas y enfermas de los líquidos corporales. También oxida los residuos metabólicos tóxicos, refuerza el equilibrio energético, libera el mecanismo de la oxidación orgánica y la autorregulación y llega a los pulmones y ri­ñones, por donde es eliminado o exhalado sin dejar restos.

Ésta es una forma rebuscada de decir que los aromas naturales lle­van una potente carga concentrada de energía bioeléctrica activa que entra en el cuerpo por las mucosas de la nariz y rápidamente ejerce marcados efectos terapéuticos en todas las células y tejidos. Un ejem­plo obvio lo vemos en el hecho de oler sales: basta una vaharada de este poderoso agente aromático para revivir al instante a las personas desmayadas, sacudiendo su cerebro con una fuerte descarga de bioe­nergía absorbida directamente por la nariz.

Así empezamos a comprender la importancia de la nariz para una correcta respiración y para el equilibrio energético, y la importancia del aire como fuente de la bioenergía vital. Veamos ahora más de cerca el maravilloso pero mal comprendido aparato nasal. Los rinólogos (especialistas de la nariz) enumeran hasta 30 funciones vitales diferentes en la nariz, tales como humedecer y calentar el aire absorbido filtrar el polvo, modular el paso de aire, percibir los olores y muchas otras. El esfuerzo de respirar por la nariz es aproximadamente un 150 por ciento superior al de hacerlo por la boca, con que resulta evidente que la Madre Naturaleza tenía pensada alguna razón concreta cuando diseñó ese aparato, pues de otro modo no habría permitido tal derroche de energía.

En el interior de la nariz hay tres grandes protuberancias, con convoluciones como las de una concha marina, que agitan y desvían las corrientes de aire que entran para volverlas «turbulentas», con lo que cubren una superficie interior mucho mayor. Estas protuberancias, llamadas «turbinados», también humedecen y calientan el aire para que no afecte negativamente a los sensibles pulmones con su frialdad y sequedad. Ésta es la razón de que los naturales de los fríos países nórdicos y las secas regiones desiertas suelan tener una nariz prominente y alargada, con estrechos agujeros: el aire frío y/o seco de su medio ambiente entra en la nariz más lentamente y debe recorrer una mayor distancia sobre los cálidos y húmedos turbinados antes de llegar a los pulmones. En cambio, los naturales de regiones calurosas y húmedas tienden a poseer una nariz corta y aplastada, con amplios agujeros, porque el aire que respiran ya es de por sí húmedo y caliente. En los climas fríos y/o secos, los adeptos deben exhalar siempre por la nariz a fin de reponer el calor y la humedad extraídos de los turbi­nados durante la inhalación con el calor y la humedad procedentes de los pulmones. En los climas calurosos y húmedos, exhalar por la boca no sólo resulta permisible, sino a veces incluso preferible, como método idóneo para expulsar el exceso de calor del cuerpo.

Toda la cavidad nasal está recubierta de membranas mucosas que retienen el polvo, las partículas y los microbios del aire, y los eliminan por la nariz junto con el aire gastado o por la garganta, enviándolos hacia el estómago con las mucosidades. Cuando la nariz está sana, esta capa de mucosidades se mantiene en constante movimiento gracias a unos finos cepillos denominados «cilios», que barren las mucosidades sucias hacia la garganta para que sean digeridas y eliminadas en el es­tómago. Cuando la capa de mocos se vuelve demasiado seca, se forma el característico «tapón» de una nariz obstruida, y a los cilios les re­sulta imposible barrer las mucosidades. Esto provoca una acumulación de residuos tóxicos en los conductos nasales, lo cual, a su vez, hace que el aparato respiratorio se vuelva vulnerable a los resfriados y a la gripe. Cuando los mocos son excesivamente líquidos, la consecuencia es el «goteo posnasal».

La capacidad de las membranas nasales para absorber Qi y resistir las infecciones viene determinada por la calidad y la cantidad de las mucosidades, que a su vez depende mucho de la dieta y la elimina­ción. Una dieta desequilibrada, abundante en productos formadores de mucosidades -como las féculas, los azúcares y los productos lácteos pasteurizados-, hace que las mucosidades nasales se vuelvan densas y espesas. Cuando las funciones excretoras se ven entorpecidas por el estreñimiento, la respiración superficial, la retención de líquidos, el uso de antitranspirantes, etc., las mucosidades se enfrentan al esfuerzo adicional de tener que excretar unas toxinas que normalmente tendrían que haber sido eliminadas por otra parte, con lo que se produce la descarga catártica de mucosidades que caracteriza a los resfriados de cabeza y de pecho y a las bronquitis.

Otro detalle interesante: aparte de los órganos sexuales y los pechos, la nariz es el único órgano del cuerpo que contiene tejido eréctil. Numerosos médicos están familiarizados con el fenómeno conocido como «nariz de luna de miel», en que la excesiva estimulación de los órganos sexuales experimentada por los recién casados provoca una inflamación por simpatía del tejido eréctil de los conductos nasa­les. En la nariz, el tejido eréctil controla el tamaño, la forma y la orientación de los conductos para el paso del aire, con lo que regula el flujo de éste a través de dichos conductos. Es el tejido eréctil el que automáticamente reparte el paso del aire entre el agujero derecho y el izquierdo al bloquear alternativamente uno u otro conducto. Este fenómeno natural ha sido recientemente descubierto por los científicos occidentales, que hablan de un «ritmo infradiano», pero los taoístas ya lo conocían hace milenios. La obstrucción alternativa de los conductos nasales se produce naturalmente cada dos horas a lo largo de todo el día, y está estrechamente relacionada con el mecanismo de las funcio­nes de ambos hemisferios cerebrales. Cuando el aire penetra por el agujero derecho, el cuerpo está preparado para la acción. Cuando penetra por el agujero izquierdo, el cuerpo está preparado para las funciones mentales físicamente pasivas. En el lenguaje taoísta, el agujero izquierdo se identifica con el Yin, el derecho con el Yang, y cada uno de ellos se asocia con uno de los dos importantes meridianos de energía que circulan por cada lado de la columna vertebral. Si los dos agujeros no están despejados y en condiciones de funcionar correctamente, la respiración se vuelve desequilibrada, la asimilación del Qi resulta afectada y el equilibrio de las energías Yin y Yang en todo el organismo se ve perturbado.

Es importante ser consciente de esta alternancia natural entre el agujero derecho y el izquierdo, porque a veces uno de los lados se obstruye, y entonces es necesario tomar medidas para abrirlo de nuevo y restablecer el equilibrio de la respiración. Si se permite que el paso del aire se produzca exclusivamente por un solo agujero durante seis o siete horas, debido a la obstrucción o la inflamación del otro, es frecuente que se instaure alguna clase de enfermedad, y están garantizadas la letárgia y la depresión. La forma más sencilla de abrir un conducto nasal obstruido consiste en tenderse sobre el costado despejado y respirar profundamente por la nariz. Esto tiende a abrir el conducto superior obstruido y a cerrar el situado debajo. Respirar alternativamente por ambos agujeros es otra buena manera de despejar los conductos obstruidos y equilibrar la respiración entre ambos lados, lo que también se consigue con la respiración «en fuelle». Asimismo, se puede utilizar la acupresión para desatascar los conductos nasales, presionando fuertemente con los pulgares sobre los puntos feng chir («estanque del viento») situados en la nuca. Estos puntos se hallan si­tuados en el lugar en que la base del cráneo se une con las vértebras cervicales (figura 3.1). Estire el cuello, localice los puntos con los pul­gares y presione profundamente y frote con fuerza cuatro o cinco veces. Afloje y repita la presión varias veces.

Figura 3.1

Apretar los puntos «estanque del viento» para despejar los senos nasales

LA DUCHA NASAL NETI

La mejor manera de mantener limpia la nariz y conservar los conductos nasales despejados y sin obstrucciones consiste en la administración regular de una ducha nasal, conocida en el lenguaje del yoga con el nombre de «neti». La ducha nasal neti es una forma de higiene especialmente importante para los practicantes de la respiración profunda, sobre todo en esta época de contaminación atmosférica, tabaco y dietas productoras de mucosidades. El neti desprende y elimina las incrustacio­nes de mocos secos, disuelve y expulsa el polvo, la grasa y demás contaminantes, y lava a fondo las sensibles terminaciones olfativas, con lo que aumenta su capacidad para extraer y asimilar el Qi del aire.

He aquí cómo se lleva a cabo el neti: caliente dos tazas de agua limpia (a ser posible destilada) hasta la temperatura del cuerpo y disuelva en ella 1/2 cucharadita de sal más o menos, «al gusto». La idea consiste en aproximarse a la temperatura y la salinidad de los conductos nasales, para que la solución limpiadora no dé lugar a un intercambio osmótico de líquidos con las membranas nasales. Vierta la solución tibia y salina en una tetera pequeña o en un «recipiente neti» especial. Póngase en cuclillas, ladee la cabeza e inserte el pico de la tetera en el agujero de la nariz vuelto hacia arriba. Siga ladeando la cabeza hasta que la solución salina comience a penetrar en el agujero superior y salga por el inferior. Unos conductos muy obstruidos no permitirán el libre paso del agua de uno a otro lado, en cuyo caso deberá taponar la ventana inferior de la nariz con el pulgar libre y aspirar suavemente la solución por la ventana superior (figura 3.2). Siga aspirando por la nariz hasta que note correr el agua tibia por el paladar, pero no la trague. En vez de hacerlo, escúpala al suelo según va bajando. Preste atención a no inhalar nada de aire mientras vierte el agua en la nariz. Tras hacer pasar aproximadamente la mitad del líquido por una ventana, cambie de costado, ladee la cabeza en sentido opuesto y repita la operación.

Cuando se termine la solución, tápese alternativamente una de las ventanas de la nariz y sople con fuerza por la otra. Le asombrará ver la basura que sale: aparte de las mucosidades habituales, a veces encontrará ásperas partículas negras, masas de polvo y borra, grumos de grasa, cuerdas fibrosas y otros residuos hasta entonces incrustados en las fosas nasales. Tras expulsar estos residuos con los restos de agua por ambos agujeros, seque los conductos nasales. Para ello, debe situarse en pie con las manos en las caderas e inclinarse hacia adelante; en seguida, efectúe una serie de vigorosas sacudidas de cabeza arriba y abajo, mientras sopla con fuerza por la nariz. Todo el proceso parece mucho más complicado de lo que en realidad es: el principal obstáculo es psicológico, no mecánico, y el requisito más necesario para llevar a cabo el neti es mantener la calma y prestar atención a lo que se está haciendo.

Figura 3.2 La ducha nasal neti

El enorme aumento de la sensibilidad olfativa tras una ducha nasal bien hecha debería bastar para convencer a todo el mundo de su eficacia terapéutica y su importancia fundamental para la respiración y la salud general. Olores que hasta el momento le pasaban inadvertidos interpretarán de pronto sinfonías aromáticas en su nariz, y su sentido del gusto, que depende en gran medida de la nariz, mejorará perceptiblemente. Lo más importante, empero, es el pronunciado incremento de la vitalidad que experimentan quienes practican el control de la respiración con los conductos nasales limpios.

Si practica usted el control respiratorio y realiza el neti con regularidad, ya puede despedirse de los resfriados. A pesar de todas las afirmaciones de los médicos occidentales en el sentido de que son los «gérmenes» los culpables de los resfriados y otros trastornos respiratorios, la causa básica es una toxicidad patológica de las membranas nasa­les, que hace que se inflamen y se incrusten de mucosidades tóxicas, formando así un caldo de cultivo ideal para los gérmenes. A medida que se acumulan estas toxinas, dañan gravemente las membranas nasa­les y las vuelven vulnerables al ataque de los gérmenes. Los gérmenes son un síntoma, no una causa de los resfriados. Una o dos duchas nasales por semana, realizadas como parte de su régimen habitual, mantendrán limpia su nariz y la harán invulnerable a esos resfriados que tan «corrientes» se han vuelto en esta época de contaminación y de dietas desnaturalizadas.

Esta primera parte nos acercó a los aspectos mas relevantes de La Respiración, que seguiremos desarrollando en una segunda parte.

 Juan Carlos Orozco Bertino 

Còrdoba — Argentina.
Tel: 0351-4768802 
Cel: 0351-158-070975
 
taller:
 
 
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